Quisiera emprender viaje. Soy feliz, porque me he deshecho de las cadenas que iban envolviendo mi cuerpo , poco a poco, y de las que no quise hacer caso.
Cada eslabón me apretaba un poco más, y cada uno de ellos me iban advirtiendo de mis fallos, pero ¿para qué hacer caso?...Envidia, pereza amor, odio, desamor....
Por fín llegó el momento en que me faltaba oxígeno. Como ya no podía respirar recapacité, y fui consciente.
Saqué fuerzas de mi propio corazón y, ardua tarea, me desenredé.
Eran las llagas y las heridas tan profundas que no me atreví a moverme... ¿no era todo oscuro de repente?
El olor y la brisa del mar se delataron, y sin dudarlo ni un momento me sumergí en un inmenso baño de agua salada y fría.
Al principio el dolor fue insoportable, hasta que mi cuerpo se fue adaptando, y las brisas marítimas eran cada vez más y más cálidas.
Cuando llegué a tierra firme, sin otro ropaje que mi largo cabello, mis heridas habían curado. Olvidé mis cadenas y recé a mi propia alma para que no se dejara vencer de nuevo.
Paz quieren decir...
Las observo y me quedo tranquila
y según las miro más me calmo
no hay movimiento, ni sonidos
Sólo su luz tranquila e inmóvil.
Tan quietas están que hasta se podrían pintar
y me imnotizan.
Las miro largo rato, sin pensar
y ellas siguen altivas,
dignas y vivas aunque inmóviles...
Y yo soy otra, más calmada
más yo
